Gastronomía andaluza con duende

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Platos tradicionales de la gastronomía andaluza y el toque y compás de la tierra es el peculiar maridaje que propone El Templo del Flamenco, un establecimiento ubicado en una cueva centenaria que puede presumir de contar en su oferta con tres ingredientes declarados Patrimonio Inmaterial de la Humanidad: el Albaicín, la dieta mediterránea y el flamenco.

Inaugurado en noviembre de 2011 como tablao, la dirección vio la oportunidad de incluir un servicio de cenas ante la demanda de los clientes, convirtiéndose en 2012 en uno de los pocos lugares de la ciudad que aúnan gastronomía de calidad con espectáculos flamencos.

La cocina de El Templo del Flamenco guarda una perfecta sintonía con el arte andaluz, incluyendo platos representativos de la tradición culinaria de la zona. La ensalada de la casa, aderezada con un aliño especial; la pipirrana albojense; las tablas de embutidos ibéricos de primera calidad, la sopa de marisco Mar y Nieve o los palitos de berenjenas con miel de caña de la Costa Tropical destacan entre los entrantes. Los sartenazos flamencos, unos huevos rotos con sello personal; el solomillo de ternera mozárabe; o la solicitada carne a la bulería -gracias a su toque picante que recuerda la vivacidad e ímpetu de este palo- son otros de los platos que más gustan entre los visitantes, tanto extranjeros como locales.

Según explica el gerente del restaurante, Ángel Oller, el público que acude a El Templo del Flamenco incluye desde grupos de turistas que quieren conocer de primera mano el arte andaluz hasta granadinos dispuestos a disfrutar con los cinco sentidos de las raíces de su tierra. “No asistir a los tablaos de la ciudad es como vivir aquí y no haber visto la Alhambra”, comenta Oller, quien añade que aquellos clientes que acuden con reticencias, pensando que van a encontrarse un producto ‘para guiris’, se llevan una idea totalmente distinta: disfrutan de una experiencia auténtica, que incluye una buena comida y un espectáculo puro”.

Antonio Vallejo es el encargado de ponerle el ‘duende’ a las veladas. Director artístico del establecimiento, este experimentado y reconocido bailaor, se encarga de coordinar a una veintena de artistas de primer nivel y crear cada noche, como maestro de ceremonias, un ambiente único y genuino, a la luz de las velas, donde los palos más ortodoxos se entremezclan con el ritmo del flamenco más actual.

Con dos pases representados a diario, el espectáculo empieza tras el servicio de cenas, para que gastronomía y arte no compitan en protagonismo, e incorpora cada noche un grupo de seis artistas, tanto de baile, cante, toque y percusión.