El tablao se encuentra en una de las famosas cuevas flamencas de Granada, localizadas en los barrios de Albaicín y Sacromonte, que están situados frente a la Alhambra. Estas cuevas dan una identidad propia al flamenco en Granada, y lo hacen único en el mundo.

Según una leyenda local, trasladada de generación en generación, y acercada a nuestros días por Matilde García, última moradora de esta majestuosa cueva, nos cuenta que esta excavación fue uno de esos “templos”  donde se producían reuniones clandestinas, en las que moriscos, judíos y gitanos, durante siglos perseguidos, celebraban sus festejos en una fusión de culturas y música; de esta fusión, en este y otros lugares de Andalucía se originó el arte flamenco. Tras varios años, la cristiandad disolvió estas reuniones y readaptó este lugar para el culto católico, dándole la configuración actual en forma de crucero. Más tarde fue caballeriza de la ciudad, favorecida por sus grandes dimensiones. En la actualidad se ha recuperado y reformado este “Templo” para rendir culto al arte flamenco.

Una cueva para el flamenco en Granada, es como la mar para un pez, su hábitat ideal. La acústica de los techos abovedados, la resonancia del taconeo, la temperatura y humedad ideal para las cuerdas de la guitarra flamenca y sobre todo la atmosfera mágica que se crea estando dentro del corazón de la montaña, crean una experiencia flamenca que no se puede vivir en ningún otro lugar del mundo.

Estas cuevas son una de esas huellas imborrables de la sociedad morisca que persisten hoy en día en Granada. Eran habitualmente hogares familiares, pero también puntos de reunión y congregación de hermandades religiosas. 

El Templo del Flamenco en particular, es la cueva flamenca más grande de las que se conservan en Granada, y se encuentra ubicada a los pies del histórico barrio del Albaicín, declarado “Patrimonio de la Humanidad” por la Unesco, muy cerca de Puerta Elvira, y de la Gran Vía de Granada (centro de la ciudad). 

Albaicín es el nombre que se le daba en la antigüedad a las barriadas extramuros, de las ciudades y fortalezas del período musulmán, indíca siempre un barrio en altura y con un poblamiento peculiar desvinculado del resto de la ciudad. En ellas se asentaron numerosas comunidades de distintas culturas y creencias, después de la caída del reino de Granada. Alojandose en cuevas, etnias y culturas que convivían en paz, completamente al margen de los conflictos geopolíticos y militares de la época.